
La novia eterna de Napoleón
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Cuáles eran los sentimientos de la gran duquesa Ana Pávlovna, hermana menor del zar Alejandro I, hacia Napoleón? Lo que se sabe es que, a la edad de catorce años y medio, fue pedida en matrimonio por el emperador de los franceses, quien acababa de repudiar a Josefina; que se iniciaron febriles negociaciones entre ambas capitales; que Caulaincourt, embajador de Francia en San Petersburgo, hizo todo lo posible para preparar esa unión, y que, de haberse cumplido el proyecto, habría cambiado la faz del mundo. En cuanto al resto, he confiado en mi instinto al tratar de analizar los impulsos del alma de una muchacha muy joven que estuvo a punto de ser entregada al “Ogro Corso”. Todos los hechos que se relatan aquí se ajustan a la verdad, pero, valiéndome de mi privilegio de novelista, me he permitido presentarlos en la forma del diario íntimo de mi heroína.
Jamás olvidaré esos días de terror, plegarias, lágrimas y confusión. Fue en marzo de 1801. Yo tenía seis años. Vivíamos con mi madre, la emperatriz María Fedórovna, a veces en el palacio de Gachina, en las afueras de la capital, y a veces en el Palacio de Invierno. Luego, todos nos mudamos al castillo Mijail, donde nuestro padre, el emperador Pablo I, no sé bien por qué, había fijado domicilio. Un edificio de paredes de color rojo sangre, inmenso, siniestro y glacial, en pleno corazón de San Petersburgo. A pesar del fuego que ardía permanentemente en los hogares, la humedad impregnaba las paredes, se descascaraba la pintura de los frescos, las corrientes de aire silbaban por debajo de las puertas. En ese decorado tan poco acogedor, me costaba trabajo seguir el curso de mis estudios y mis actividades cotidianas. Yo era una niña formal, dócil y discreta.
- Жанр
- Историческая проза
- Язык
- es
- Размер FB2
- 389,1 КБ
- Добавлена