
Sociedad limitada
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A diferencia de la burguesía catalana, ansiosa por sentarse en un palco del Liceu, los empresarios valencianos han tenido y siguen teniendo la caza como signo de distinción social. El empresario valenciano, también, ha preferido siempre las putas a la tradicional querida. Cuestión de pragmatismo: las queridas complican la vida y en la cama no son tan profesionales; lo que puedas pagar con dinero te lo ahorras en quebraderos de cabeza. Premisa importante en un tejido empresarial cuyos negociantes y vividores son más que visibles.
Juan Lloris Martorell es uno de los empresarios valencianos más importantes. En volumen económico, al menos. Desde su adolescencia Lloris siempre fue cazador, afición que heredó de su padre. Pero mucho antes, cuando el apellido Lloris no pasaba de ser muy corriente, cazaba con una escopeta de clavos del dieciséis durante la última semana de la temporada, cuando los señoritos dejaban cazar a los pobres. Sin embargo, ahora tenía una Scott, una escopeta paralela con cañón de setenta y tres milímetros y de una estrella (apropiada para la caza de patos, dado el alcance del disparo). Ahora, Juan Lloris poseía un coto privado. Y un arma hecha a medida que le había costado cuatro millones de pesetas en la casa Pourcey, de Londres. Tirar con una Scott era como conducir un Rolls Royce. Había Scotts de cuatro, de ocho, de diez e incluso de doce o catorce millones de pesetas, como había Rolls de varios precios que no por ello dejaban de ser Rolls. La marca marcaba las diferencias. De eso se trataba. Lloris había presenciado la compra de una Scott de doce millones por parte de unos jeques. La suya sólo valía cuatro, pero sin duda era la mejor de toda la Albufera. Cuando la enseñaba, causaba sensación.
- Жанр
- Современная русская и зарубежная проза
- Язык
- es
- Размер FB2
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