El Cordero
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El frío la despertó; o más bien le faltó un calor, el de ese gran cuerpo que ya no sentía contra su costado. Su mano lo buscaba, encontrando sólo la helada sábana.
– Jean, ¿dónde estás?
Le oía respirar. Encendió entonces la luz y lo vio, de rodillas, sentado sobre los talones, con la cabeza contra el sillón. Fue hacia él. Dormía. Se había dormido arrodillado. La nuca descarnada daba lástima. Ella lo besó. Gimió como en sueños y levantó el rostro, angustiado. La entreabierta chaqueta del pijama dejaba ver un matorral rojizo.
– Estás helado. Ven a la cama, ¡pronto!
Obedeció como un niño. Ella dijo: "Acurrúcate". Y le golpeaba los pies, calentándolos con las manos.
– No sé por qué me he levantado -dijo-, ni por qué me quedé dormido de rodillas.
La mujer preguntó en voz baja: "¿Para rezar?-" No contestó, y ella calló, esperando que se durmiera, pero por el olor del rostro adivinó que lloraba. Entonces le sopló al oído: "No, tú no lo has matado". Él gimió:
- Жанр
- Классическая проза
- Язык
- es
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