El caldero de oro
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Yo no sé si vi el caldero de oro alguna vez, si mis ojos recorrieron sus brillos, o si nunca lo vi y es sólo el argumento de un relato maravilloso, muchas veces repetido, que ha ido incorporándose tenaz a mi imaginación hasta convencerme de haberlo contemplado realmente, de haber escrutado de verdad su contextura metálica, tan vetusta, tan deslucida, oro que no lo parecía, decepcionante amarillo sucio, cascarón que contradecía, con su apariencia ajada, las leyendas fabulosas de lo áureo.
Y, sin embargo, prevalece en mi conciencia la convicción de que he contemplado verdaderamente el leve resplandor de aquellos relieves, mientras reflejaban entre unas manos, en algún espacio sombrío, el brillo también escaso de alguna luz improvisada: la de una vela, la de una lámpara de carburo o una linterna.
Recuerdo el caldero, o lo pienso, ancho como una hogaza, hondo como una olla, un gran cuenco con el fondo plano. En lo más vertical de su pared, antes de que se combe violentamente hacia dentro para cerrar la concavidad, están las figuras, rodeándolo como un friso: desde el gran torso que corona la cabezona hasta la figura del hombre nadando, o volando, en el extremo opuesto; ambas son, al tiempo, principio y final del ornamento y, entre ellas, se suceden las figuras pequeñas.
- Жанр
- Современная русская и зарубежная проза
- Язык
- es
- Размер FB2
- 398,9 КБ
- Добавлена