
Muerte Por Fusilamiento
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Una tarde del mes de noviembre, Avelino Angulo recibió la orden de matar al Dictador. Era una tarde soleada, bastante fría y con restos de niebla que humedecían las baldosas de la ciudad. En realidad, se trataba de una tarde cualquiera de noviembre, con un poco más de sol, tal vez, que las demás.
Avelino Angulo fue citado en el piso del señor Jaramillo. Todo empezaba a desarrollarse como quedó convenido en la última reunión que tuvieron dos meses atrás, cuando llegaron a la conclusión de que era preciso dar aquel paso. También aquélla había sido una tarde vulgar. Angulo apenas si conservaba algún recuerdo vivo de ella: una mesa larga, abundante humo de cigarros habanos, y un hombre, con voz aflautada, que leía el informe del comandante Torres, el dirigente que, por razones que todos debían comprender, no se mostraba jamás. También recordaba que, en los asistentes, se palpaba un vago aire de conspiración de opereta, un tono casi grotesco. Pero la decisión que el comandante Torres pedía al final de su escrito, y el asentimiento de todos, no tuvo nada de grotesco. Y fue desagradable que se hablara de un ejecutor, aunque entonces el ejecutor no tenía todavía nombre ninguno. Pero se pensó en designarlo, y todos se dijeron sin duda que cualquiera podría… Ahora, la cita tenía lugar en el piso nuevo de Jaramillo, y él, Avelino Angulo, había sido designado como ejecutor. El piso era reducido, y despedía un fuerte olor a pintura y a cola fresca. Una mujer madura le abrió la puerta y le condujo hasta el despacho de Jaramillo.
- Жанр
- Современная русская и зарубежная проза
- Язык
- es
- Размер FB2
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