La sombra del templario
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Bernard Guils estaba inquieto y preocupado y este estado de ánimo representaba un peligroso aviso para él. Aquel viaje estaba planteando muchas dificultades, más de las previstas en un principio, y había que tener en cuenta que había previsto muchas. Su fino olfato, adiestrado en el riesgo, no cesaba de enviarle señales de alarma.
Para empezar, le desagradaba el capitán de la galera en la que viajaba, un tal Antonio d'Amato, un veneciano de cara afilada y oscuros ojos de ave de presa, que no dejaban de observarlo constantemente. Le molestaba su presencia, a pesar de las garantías que le había dado el Gran Maestre. No eran los mejores tiempos para la confianza, y la sensación de ser espiado era demasiado intensa para permitirse bajar la guardia. Sonrió ron ironía, al fin y al cabo, él mismo era un espía que se sentía espiado.
Estaba cansado, cansado y derrotado, como si un negro presagio se hubiera detenido sobre su cabeza. Había dedicado su vida a la guerra, en Oriente y en Occidente, y su propio cuerpo reflejaba una escaramuza de cicatrices, huesos mal soldados y un ojo vacío. Por un momento recordó, con absoluta precisión, la cara del joven lancero musulmán que le había herido y que no sobrevivió para contemplar su proeza. Ni tan sólo él, en el fragor de la lucha, se había dado cuenta de su pérdida, de que a partir de aquel momento su visión quedaría reducida a la mitad. El bueno de Jacques el Bretón lo había arrastrado lejos de la batalla, en tanto él seguía dando golpes con la espada, como un poseído, ajeno a la espantosa herida, ajeno a casi todo. Le curaron en la Casa del Temple de Acre, y no sólo sanaron aquella cuenca, vacía ya de vida, también salvaron su alma maldecida.
- Жанр
- Современная русская и зарубежная проза
- Язык
- es
- Размер FB2
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