El embrujo de Shanghai
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Los sueños juveniles se corrompen en boca de los adultos, dijo el capitán Blay caminando delante de mí con su intrépida zancada y su precaria apariencia de Hombre Invisible: cabeza vendada, gabardina, guantes de piel y gafas negras, y una gesticulación abrupta y fantasiosa que me fascinaba. Iba al estanco a comprar cerillas y de pronto se paró en la acera y olfateó ansiosamente el aire a través de la gasa que afantasmaba su nariz y su boca.
– Y tan desdichada carroña está en la calle, se huele. Pero hay algo más… Sin querer ofender a nadie, se percibe otra descomposición de huevos. ¿No lo notas? -siguió el anciano husmeando su quimera predilecta ayudándose con nerviosos golpes de cabeza, y yo también me paré a oler. El capitán tenía el don de sugestionarme con su voz mineral y sentí un vacío repentino en el estómago y una sensación de mareo.
Así empieza mi historia, y me habría gustado que hubiese en ella un lugar para mi padre, tenerlo cerca para aconsejarme, para no sentirme tan indefenso ante los delirios del capitán Blay y ante mis propios sueños, pero en esa época a mi padre ya le daban definitivamente por desaparecido, y nunca volvería a casa. Pensé otra vez en él, vi su cuerpo tirado en la zanja y los copos de nieve cayendo lentamente y cubriéndole, y luego pensé en las enigmáticas palabras del viejo mochales mientras yo iba andando pegado a sus talones camino del estanco de la plaza Rovira, cuando, al pasar frente al portal número 8, entre el colmado y la farmacia, el capitán se paró en seco por segunda vez y su temeraria nariz, habitualmente desnortada y camuflada bajo el vendaje, detectó de nuevo la pestilencia.
- Жанр
- Современная русская и зарубежная проза
- Язык
- es
- Размер FB2
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