
El testamento francés
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Siendo aún niño, adiviné que esa sonrisa tan singular representaba para toda mujer una extraña pequeña victoria. Sí, un efímero desquite de todas las esperanzas frustradas, de la grosería de los hombres, de la escasez de cosas hermosas y auténticas en este mundo. De haber sabido expresarlo por aquel entonces, habría llamado a esa manera de sonreír «feminidad»… Pero mi lengua se ceñía a la sazón a palabras demasiado concretas. Me limitaba a contemplar los rostros femeninos en nuestros álbumes de fotos, y a atisbar esa chispa de belleza en algunos de ellos.
Porque aquellas mujeres sabían que, para salir guapas, tenían que pronunciar, unos minutos antes de que las cegase el fogonazo, esas misteriosas sílabas francesas cuyo significado pocas conocían: «pe-tite-pomme…». Como por ensalmo, la boca, en vez de tensarse con festiva placidez o de crisparse en ansioso rictus, formaba un gracioso redondel. El rostro entero se metamorfoseaba. Las cejas se arqueaban levemente y se alargaba el óvalo de las mejillas. Decían «petite pomme», y la sombra de una lejana y soñadora dulzura velaba la mirada, afinaba los rasgos, teñía la foto con una luz tamizada de tiempos pretéritos.
- Жанр
- Современная русская и зарубежная проза
- Язык
- es
- Размер FB2
- 518,3 КБ
- Добавлена