
Onitsha
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El Surabaya, un buque de trescientas toneladas, ya viejo, de la Holland África Line, acababa de dejar las sucias aguas del estuario del Gironda y tomaba rumbo hacia la costa oeste de África, y Fintan miraba a su madre como si fuera la primera vez. Puede que nunca hubiera apreciado hasta qué punto era tan joven, cerca de él, como esa hermana que nunca había tenido. No lo que se dice guapa, pero tan viva, tan fuerte. La tarde estaba declinando; la luz del sol iluminaba los oscuros cabellos de reflejos dorados, la línea del perfil, la alta y abombada frente, que formaba con la nariz un abrupto ángulo, el contorno de los labios, el mentón. Una pelusa transparente, como en la fruta, le cubría la piel. La miraba, le encantaba su rostro.
Al cumplir diez años, Fintan decidió que no llamaría a su madre más que por su diminutivo. Se llamaba María Luisa, pero le decían Maou. Era cosa de Fintan; cuando era un bebé no sabía pronunciar su nombre, y así le había quedado. Tomó a su madre de la mano, la miró fijamente, estaba decidido: «A partir de hoy te llamaré Maou.» Mostraba tal seriedad que ella permaneció un momento sin responder, luego rompió a reír, uno de esos ataques de risa que le daban algunas veces y no era capaz de resistir. Fintan se rió también, y así quedó sellado el acuerdo.
- Жанр
- Классическая проза
- Язык
- es
- Размер FB2
- 440,9 КБ
- Добавлена