
El Traje Gris
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Abrió los ojos a las seis en punto como todas las mañanas. Tras incorporarse unos centímetros y volverse aun a riesgo de caerse de la cama, buscó a tientas con la mano izquierda en la mesita de noche, encontró el reloj de pulsera, lo cogió, volvió a tumbarse, encendió la luz con la otra mano, miró el reloj y tuvo la confirmación de que eran las seis. No podría haber sido de otro modo: después de más de cuarenta años, su cuerpo se había habituado a un despertador interior que nunca fallaba. Por ese motivo, y aunque la víspera se hubiera acostado con la intención de dormir una hora más que de costumbre, no había manera de cambiar ese despertador corporal que siempre sonaba a las seis en punto. Eran muchas las cosas matinales que su cuerpo hacía… ¿cómo decirlo?, de una forma automática. Pero ¿por qué, sólo a modo de ejemplo, tenía que buscar a tientas en la oscuridad hasta que las puntas de los dedos percibían la esfera del reloj, cogerlo con la misma mano, encender la luz con la otra, volver a tumbarse y mirar finalmente qué hora era? ¿No podía hacerlo sin necesidad de todo aquel jaleo? Entre otras cosas, habría sido un ahorro de energía. Y de relojes, bien mirado. Porque en el transcurso de cuarenta años, a fuerza de tantear en la oscuridad, había roto tres relojes, caídos al suelo. Sin embargo, ¿cómo se pone un despertador interior a una hora distinta? Lo mismo le ocurriría a un despertador tradicional de esos que se tienen en la me-sita de noche: después de cuarenta años con la manecilla puesta en las seis, difícilmente podría desbloquearse de aquella posición. Porque a partir de esa mañana él ya no necesitaba despertarse a esa hora. La víspera se había jubilado.
- Жанр
- Современная русская и зарубежная проза
- Язык
- es
- Размер FB2
- 268,4 КБ
- Добавлена