
El Misterio De Wraxfor Hall
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Si mi hermana Alma hubiera vivido, yo jamás habría comenzado a asistir a sesiones de espiritismo. Murió de escarlatina, poco después de su segundo cumpleaños, cuando yo tenía cinco años. Sólo recuerdo fragmentos de los días anteriores a su muerte: mamá bailando con Alma sobre sus rodillas, y cantando como jamás volvería a cantar, y yo leyéndole en voz alta la cartilla a mamá mientras ella balanceaba la cuna de Alma con el pie; y también me recuerdo caminando hasta el Foundling Hospital junto a Annie, nuestra niñera, mientras ella empujaba el cochecito de la niña y yo iba aferrada a él. Recuerdo haber llegado a casa después de uno de aquellos paseos y que me permitieron cuidar de Alma junto a la chimenea del salón, y sentir el calor de las llamas en mis mejillas mientras la sujetaba en mis brazos. Recuerdo también -aunque tal vez sólo me lo contaron- haber estado tumbada en mi camita y temblar, mirando por la ventana, que parecía muy pequeña y muy lejana, y oír el sonido de la lluvia al caer, amortiguado, como si lo oyera a través de una tela de algodón.