Calígula
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En el punto más elevado de la isla se alzaba la villa de Júpiter, una maciza construcción de granito gris, nido perfecto para las águilas gigantes al que se accedía por un largo y serpenteante camino que dejaba exhaustos a los porteadores de literas. Tras franquear la imponente puerta, dedicando un mudo saludo al centinela que se apresuró a cuadrarse, Macrón se desperezó y aspiró el acre perfume de los matorrales. Los primeros rayos de sol disipaban poco a poco los bancos de bruma. A lo lejos, más allá del mar de color vino, una mancha blanca revelaba la presencia de Nápoles.
Alto, bien plantado, con un brillo de autoridad en la mirada, propio de quienes han nacido para mandar, Macrón era prefecto del pretorio de Roma. La inspección de los puestos de guardia de la isla no figuraba ni por asomo entre sus atribuciones. Lo hacía porque había sido durante mucho tiempo oficial de la legión y porque, en el desempeño de su importante cargo, echaba de menos aquel paseo matinal. A cada uno de los centinelas le repetía el santo y seña elegido por el emperador: amor fati, el amor por el destino.
- Жанр
- Историческая проза
- Язык
- es
- Размер FB2
- 701,8 КБ
- Добавлена