
Desde Rusia con amor
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El hombre desnudo que yacía boca abajo, junto a la piscina, podría estar muerto.
Podría ser un ahogado acabado de rescatar de la piscina y tendido sobre la hierba para que se secara mientras llamaban a la policía o a sus familiares. Incluso los objetos del pequeño montón que había en la hierba, junto a su cabeza, podrían haber sido los efectos personales del hombre, cuidadosamente reunidos a plena vista de modo que nadie pensara que sus rescatadores habían robado algo.
Si se juzgaba por el brillante montón, aquél era, o había sido, un hombre rico. En él se encontraban los típicos distintivos de los miembros de la clase adinerada: un clip hecho con una moneda de cincuenta dólares mexicanos, que sujetaba un sustancial fajo de billetes de banco; un encendedor Dunhill de oro, muy usado; una pitillera de oro ovalada con los bordes ondulados y el discreto botón de turquesa que distingue a la marca Fabergé, y el tipo de novela que un rico saca de la biblioteca para llevársela al jardín: The Little Nugget, una vieja obra de P. G. Wodehouse. También había un abultado reloj de oro con una muy usada correa de piel de cocodrilo. Se trataba de un modelo de Girard-Perregaux, diseñado para la gente a quien le gustan los artilugios complejos, y tenía un segundero y dos pequeñas ventanas en la esfera donde se leían la fecha, el mes y la fase de la Juna. La historia que ahora contaba era: 2.30 horas del 10 de junio, con la luna en tres cuartos de su plenitud.