El Anatomista
Скачать
Начало книги
“¡Oh, mi América, mi dulce tierra hallada!", escribe Mateo Realdo Colombo (o Mateo Renaldo Colón, según consigna la rúbrica hispanizada) en su De re anatómica 1. No es esta una prorrupción presuntuosa a guisa de ¡Eureka!, sino un lamento, una amarga parodia de sus propios avatares y de su infortunio, proyectada sobre la figura de su tocayo genovés, Cristóphoro. Un mismo apellido y, acaso, un mismo destino. No los une parentesco y la muerte de uno sucede apenas a doce años del nacimiento del otro. La "América" de Mateo es menos remota e infinitamente más breve que la de Cristóbal; de hecho, no excede en mucho las dimensiones de la cabeza de un clavo. Sin embargo, debió permanecer silenciada hasta la muerte de su descubridor y, pese a la insignificancia de su tamaño, no provocó menos revuelos.
Es el Renacimiento. El verbo es Descubrir. Es el ocaso de la pura especulación a priori y de los abusos del silogismo, en favor de la empina de la mirada. Es, exactamente, la primavera de la mirada. Quizá Francis Bacon en Inglaterra y Campanella en Italia repararon en el hecho de que mientras los escolásticos derivaban en los repetidos laberintos del silogismo, el bruto de Rodrigo de Triana, a la misma hora, gritaba "¡Tierra!" y, sin saberlo, precipitaba la nueva filosofía de la mirada. La escolástica -la Iglesia finalmente lo comprendió- no era demasiado rentable o, al menos, representaba menos utilidades que la venta de indulgencias desde que Dios decidió pedir dinero a los pecadores. La nueva ciencia es buena siempre que sirva para acercar oro. Es buena siempre que no exceda la verdad de las Escrituras y es mejor aún si se trata de la escritura de bienes.
- Жанр
- Современная русская и зарубежная проза
- Язык
- es
- Размер FB2
- 364,6 КБ
- Добавлена